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La Hostatgeria de Celma Hotel*** recupera un nombre histórico: el del señorío de Celma, con raíces templarias, actualmente Celma y sus haciendas son zona de protección del Patrimonio Histórico Artístico. Se trata de una zona más allá del antiguo pueblo de Celma, en El Alt Camp, un núcleo situado a 743 m de altitud en el sector oriental, bajo el monte de Celma (801 m), presidido por las ruinas del castillo de Celma. Este ya es mencionado en 977; erigiéndose en las cercanías la iglesia de Sant Cristòfol, que fue la parroquia del lugar. En 1142, el castillo fue dado a los templarios, y en 1171, el obispo de Barcelona les concedió también la parroquia, con la creación de la encomienda de Sant Cristòfol de Celma. Extinguida la Orden del Temple en el año 1312, la propiedad fue de los hospitaleros del Gran Priorat de Cataluña, que continuaron nombrando comendadores hasta el final del siglo XVIII. Desde el siglo XV tenía los mismos comendadores que Vallmoll y Puigpelat. El término de Celma tenía 49 fuegos en 1358, muchos de ellos establecidos en El Pla de Manlleu. Modernamente ha sido abandonado, sólo queda la iglesia gótica de Sant Cristòfol.
Celma (o Selma según la toponimia actual) no es hoy más que un recuerdo histórico-arqueológico materializado en las ruinas de una iglesia y un castillo, encaramado en un paraje de El Alt Camp que linda con El Baix Penedès. Pero durante largas centurias fue el señor una gran encomienda, primero templaria y después hospitalera, que señoreó un radio local con extensiones por otros pueblos del Camp , como Vallmoll o Puigpelat.
El paraje de Celma se define como tal en el curso de la reconquista y colonización de la marca de El Penedès en los siglos X-XII, por obra de la casa de Santmartí, que erigió el primitivo castillo y la iglesia a la cumbre de la sierra, en fila en aquella línea defensiva que se extendía desde Queralt por Montagut, Montmell, Pinyana, Albà... bordeando la llanura de la zona de El Penedès. La dificultad de restauración de aquel territorio fronterizo movió a los vicarios del castillo a traspasarlo con toda su extensión a la Orden del Temple (1142), que justo entonces empezaba a introducirse por Cataluña. La incorporación cristiana de Tarragona y Tortosa a mediados del siglo Xll facilitó la repoblación de este sector de montaña de retaguardia, con la constitución de una encomienda como centro dominical. Asimismo, se operaba la estructuración feudal con el establecimiento de unos castellanos feudatarios del castillo que aseguraban el orden público y la defensa del territorio, con cargo en las tierras dominicales o feudo de castellanía, a ellos atribuido. Y, paralelamente, se operaba también la fundación parroquial correspondiente por parte de la iglesia de Barcelona (1171), bajo el patronato templario, por concesión del prelado de aquella.
En el curso del siglo XIII, la actuación señorial de la encomienda fue absorbiendo los estratos de hombres libres, de jurisdicción común, para acabar con una completa señorialización. Las concesiones reales posteriores del ejercicio de la justicia por los comendadores acabaron de redondear la estructura de lo que se convertiría en un verdadero señorío jurisdiccional en Celma.
La extinción de la Orden del Temple a principios del siglo XIV comportó el traspaso de sus dominios –en nuestro caso el de Celma– a manos de la Orden del Hospital. Las crisis económicas y demográficas (peste negra, añadas de esterilidad), las violencias feudales, las incidencias de las guerras internas del s. XV y, ya en la Edad Moderna, el bandolerismo, afectaron profundamente la estabilidad de la encomienda de Celma, que conoció, asimismo, fases de franca recuperación, como la concentración en el s. XVI de las tierras en pocas manos, lo cual permitió una mejor explotación agrícola de las diferentes haciendas existentes y la reducción de las prestaciones agrarias a censos fijos en metálico.
El reformismo borbónico y el consecuente intervencionismo estatal asestaron un golpe sensible al señorío de Celma, con el cuestionamiento de sus privilegios y regalías menores, y con el aumento de la presión fiscal a mediados del siglo XVIII. Después, en el inicio del ochocientos, los trastornos políticos y militares y la instauración del régimen constitucional repercutieron de manera radical en la encomienda de Celma, tanto en la dimensión señorial como eclesiástica.
Si ya en 1831 la encomienda quedó incorporada a la corona, el concordado de 1851 supuso la definitiva extinción de la orden.
El castillo de Celma preside las ruinas del pequeño pueblo del mismo nombre, abandonado totalmente en los años treinta del s. XX. No era este el único núcleo de población del extenso territorio adscrito al castillo, pese a que sí era uno de los elementos esenciales en la ordenación interna. Las numerosas haciendas existentes especialmente a partir del s. XII son una muestra de la riqueza histórica de esta línea defensiva que ayudó a consolidar la Cataluña Nueva. Algunas de ellas todavía existen hoy en día.
Información extraída de Quaderns de Vilaniu/Miscel·lània l’Alt Camp núm. 9 (1986) p. 82-84 y FIGUERAS I FONTANALS, Ll. M. El senyoriu de Celma. L’esquema funcional. Valls: Institut d’Estudis Vallencs, 1999.
Enlaces de interés
Les Pobles, tierra de grallers.
Les Pobles y el monasterio de Santes Creus.
El municipio de Aiguamúrcia.
Enlace a la web de la Ruta del Cister.
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